La lucha permanente por la justicia

Eduardo J. Couture dejó una de las enseñanzas más recordadas para quienes ejercen el derecho:

«Lucha. Tu deber es luchar por el derecho; pero el día que encuentres en conflicto el derecho y la justicia, lucha por la justicia.»

A primera vista, esta frase podría parecer una invitación a ignorar la ley, pero su verdadero significado es justamente el contrario. Nos recuerda que las leyes existen para servir a las personas y que su finalidad última es alcanzar la justicia.

En ocasiones, aplicar una norma de forma estricta puede generar resultados injustos. En esos casos, el abogado no debe resignarse, sino utilizar todas las herramientas que ofrece el propio derecho —la Constitución, los derechos humanos, la jurisprudencia y los principios jurídicos— para defender una solución más justa.

Pensemos en una persona adulta mayor que pierde su pensión por un error administrativo. Aunque la negativa pueda parecer legal, también puede vulnerar derechos fundamentales. La labor del abogado consiste precisamente en demostrarlo y buscar que prevalezca la justicia.

Este principio también se aplica fuera de los tribunales. Muchas veces, un acuerdo justo beneficia más a las partes que un largo proceso judicial. Un buen abogado no solo sabe litigar; también sabe construir soluciones.

Hoy, cuando la Constitución y los derechos humanos ocupan un lugar central en los sistemas jurídicos, el mensaje de Couture sigue plenamente vigente. El verdadero abogado no se limita a conocer las leyes: comprende que su misión es poner el derecho al servicio de las personas.

Porque, al final, la ley indica el camino, pero la justicia es el destino.

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